Terapia etérea

Como habréis visto, llevo un tiempo sin actualizar el blog. Ya disculparéis la tardanza, pero es por una razón importante. Durante el último mes he estado himbestigando, y al final, gracias al doctor Erzard Ernst, os voy a presentar aquí en exclusiva los resultados.

Se trata de la terapia científico-etérea. Tranquilos, que os lo voy a explicar todo de una manera sencilla y ligera (casi vaporosa). No me voy a echar flores, puesto que esto en realidad es un re-descubrimiento: la teoría original fue formulada antes de la Ilustración, aunque su creador, Nicolas Fatio de Duillier, cayó al final de su vida en desgracia por su relación con los camisards. Personalmente, opino que su descubrimiento fue tan importante que las altas esferas trataron de silenciarlo mandándole un aviso a través de ciertos mensajeros.

Los mensajeros, retratados de vuelta tras amedrentar a Nicolas Fatio de Duillier.

Pero con arrojo y tras enormes peligros, puesto que a las grandes farmacéuticas no les interesa que esto se sepa, he conseguido rescatar la terapia que os voy a contar ahora.

Se trata de la terapia etérea. Como sabréis, el éter nos rodea, lo impregna todo. Estamos sumergidos en éter, el 5º elemento, tal y como lo llamaban los antiguos (pues el origen de la terapia es milenario). Y todos somos vectores de energía-momento, suspendidos en ese éter. No quiero entrar en detalles, pues involucran a Einstein y su teoría de la relatividad especial y sería extenderme demasiado. Pero este éter tiene una virtud y es que tratado adecuadamente, renormaliza nuestro vector energía-momento, situando su origen en algunos chakras importantes, como es el caso del chakra escrotal.

¿Cómo podemos renormalizar nuestros vectores y mantener el chakra escrotal contento? Muy sencillo: respirando. Pero en este mundo moderno, nos hemos olvidado de respirar. Agobiados por las prisas y el estrés, nos hemos olvidado de respirar, porque hemos perdido el contacto con nuestro pulmón interior. Por eso, si haces click en este enlace, tan sólo por 2€, podrás comprar un tarro de éter refinado y un libro donde explico las técnicas de respiración etéreas, producto de mi larga y costosa himbestigación. Piénsalo, son sólo dos euros, mucho más barato que recurrir a esos remedios de grandes farmacéuticas.

Astrofísica y marketing

De vez en cuando te sorprendes al encontrar pequeñas referencias de tintes científicos en la vida cotidiana. Como en el caso de hoy: astrofísica y moda. No tienen nada que ver, y sin embargo existe una marca de ropa con un guiño astrofísico.

g-star-raw

Pero antes de todo esto, nos tenemos que ir la década de los 90. No de 1990, si no de 1890, con Pickering y su harén (donde se encontraba por cierto, Henrietta S. Leavitt, cuyas peripecias podéis ver en sus diarios 😉 ), que establecieron el criterio para clasificar las estrellas del que vamos a hablar.

En astronomía, una de las formas más usuales de clasificar las estrellas, es atendiendo a su espectro. Es decir: miramos la luz que nos llega de ellas, vemos cómo es esta luz (qué líneas de absorción presenta) y esto nos permite estimar de qué materiales está compuesta la estrella. Esto se relaciona con la temperatura a la que se encuentra la superficie de la estrella, que a su vez está está relacionada con el color que presenta.

Aquí algunos habréis dicho: “¿Color? ¡Pero si yo sólo veo puntitos blancos!”. Lamentablemente, desde la ciudad ya no podemos ver el cielo como tendríamos que verlo (maldita contaminación lumínica). Pero si salís al campo, o vivís en zonas donde no haya tanta contaminación lumínica y estáis unos pocos minutos mirando el cielo, seguro que podréis ver alguna estrella que es de color más rojizo (Antares en la constelación de Escorpio y Betelgeuse en la constelación de Orión son buenos ejemplos). Y ya si miramos a través de un telescopio, podemos ver esta diferencia claramente.

Albireo

Albireo | Fuente

Lo que tenéis en la imagen es una estrella doble: Albireo. Como podéis ver, son estrellas de diferente color. Lo que nos da un pista de la temperatura a la que se encuentra cada una: la azul está más caliente que la anaranjada-rojiza. ¿Cómo de caliente? Echad un vistazo al siguiente cuadro:

CapturaFuente

Nuestro Sol está a unos 5800 K en superficie, color amarillo. En concreto una estrella de tipo G. En inglés: una G-Star.

Volved al principio del post y mirad la marca de ropa. G-Star Raw. ¿Casualidad? No lo sé, pero me gustaría pensar que un tipo del departamento de márketing miró al cielo en busca de respuestas 😉

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