La situación absurda de la ciencia

Son las 10 de la mañana de un día griposo, y España sigue siendo un país maravillosamente absurdo, al menos en lo que a ciencia se refiere. Lo digo por las noticias que tengo ahora abiertas para leer:

Faltan científicos en Europa, pero el sistema educativo que vamos a tener es científicamente analfabeto, se anulan becas de doctorado, burlándose de los investigadores y con salarios ridículos.

Esto parece un sketch de los Monty Python, pero de aquí a no mucho seguro que será uno de los círculos de Dante.

Nebulosas planetarias… que tienen poco de planetarias

Fuente: Hubble Heritage

Uno de los objetos que dejan las fotos más impresionantes dentro de la astrofotografía son las nebulosas planetarias. Hoy en día sabemos que son los restos que deja una estrella de masa 8 veces la del Sol (o de menor masa). Una estrella más masiva daría lugar a una espectacular supernova. Nebulosas ¿planetarias? ¿No hemos dicho que su origen está en las estrellas? ¿Qué tienen que ver los planetas con todo esto?

Hoy en día poseemos telescopios como el Hubble o el GTC y planeamos otros como el  James Webb o el EELT, que son una auténtica maravilla y una gran muestra del grado de desarrollo técnico al que hemos llegado en apenas un par de siglos desde la Revolución Industrial. Nos hemos acostumbrado tanto a imágenes como la que abre esta entrada, que no nos damos cuenta del tremendo trabajo que hay detrás. Todo este trabajo y avance técnico permite que, incluso a nivel de aficionado, ahorrando un poco y con esfuerzo y horas, podamos sacar fotos como las que nos regala Paco Bellido desde El Beso en la Luna. Hace unos pocos años, esta sencillez era el sueño húmedo de cualquier astrónomo.

Para entender por qué llamamos nebulosa planetaria a algo cuyo nacimiento no tiene que ver con planetas, hemos de coger la TARDIS o el Delòrean y viajar a finales del siglo XVIII para visitar a William Herschel.

Por aquel tiempo, se estaba empezando a sistematizar la observación del cielo, a la caza y captura de nuevos objetos.  Charles Messier estaba elaborando su famoso catálogo, que actualmente engloba 110 elementos. La existencia del catálogo es casi accidental, ya que el bueno de Charles estaba buscando cometas, y de paso apuntó los objetos difusos que veía en el cielo, para evitar confusiones. En el catálogo Messier se agrupan objetos muy diversos: cúmulos globulares, abiertos, nebulosas, nebulosas planetarias, estrellas dobles…

En 1781, Herschel descubriría Urano. De nuevo, este descubrimiento es fruto de la suerte. Herschel estaba catalogando estrellas débiles (magnitud 8), y se encontró con Urano. Una vez calculada su trayectoria, se encontró con que era planetaria: se había descubierto un nuevo planeta.

A través de los telescopios de la época, las nebulosas planetarias y Urano ofrecían un aspecto muy parecido. Cuatro años tras el descubrimiento de Urano, Herschel acuñaría el término de nebulosa planetaria para designar estas nubes de gas y polvo producto de la muerte de una estrella, término que fue adoptado por la comunidad astronómica y que se sigue usando en la actualidad.

Como curiosidad: Herschel construía sus propios telescopios. Su mayor obra fue uno de 12 metros de focal, con el que se descubrió Encélado (entre otras muchas cosas).

Fuente: WikiCommons
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