Un día en el dentista

Lo que veis arriba no es otra cosa que Molly, una de mis muelas del juicio, que eran perezosas y les dio por salir tumbadas. Como no era cuestión de dejarlas ahí tumbadas, me mandaron a extraerlas.

Una vez en el dentista, anestesiaron la zona, me abrieron la encía (perdón para los que seáis algo remilgados), y procedieron a sacar la muela. Con la fresadora facilitaron un poco la labor (esto parece ya Bricomanía), y el dentista empezó a tirar. Con fuerza tiraba el amigo, pero la muela no salía. Hasta que al final, tironeando un poco más, salió.

El caso es que ahí tirado en la silla, me pregunté, ¿cuánta fuerza tendrá que hacer el dentista para sacarme la muela? Pues si quieres ser físico, tendrías que saber calcularla. Así que allá vamos:

Para saber como de cachas está el dentista, primero vamos a tener que hacer unas suposiciones, para simplificar las cosas:

– Consideremos que el diente está “soldado” a la mandibula (por lo que me dijo el dentista, en mi caso eso era casi cierto), y que además son del mismo material: el hueso.

– Además, consideraremos a mi muela como una barra sólida, algo de más o menos el siguiente aspecto:

Las flechas representan la fuerza que hace el dentista (hacia arriba, para sacar a Molly de su sitio), y hacia abajo (la fuerza que hace el hueso de la mandíbula para mantener a Molly en su sitio).

Pues bien, todo sólido, dentro de unos límites, se comporta de manera elástica (es decir, que al tirar de él se deforma, pero al cabo dejar de actuar la fuerza que lo deforma, vuelve a su longitud original). Su grado de elasticidad viene dado por el módulo de Young (Y):

Y=(F/A)/(ΔL/L). Donde F es la fuerza a la que está sometido el sólido, A es el área, ΔL es la elongación del cuerpo, y L es la longitud inicial del sólido. Pero esto vale tan sólo dentro de unos límites. Cuando el sólido está sometido a una fuerza superior a un determinado valor, que depende del sólido en cuestión, ya no recupera su longitud,y a partir de otro valor superior, nuestra muela ya no aguantará más, y se romperá, es decir, que ya nos lo habrán sacado.

Es este último caso el que nos interesa. Para el caso del hueso, la resistencia a la tracción es de 200 MN/m². Esto quiere decir, que para un hueso que tenga 1 m² de sección (menudo hueso), la fuerza que tenemos que aplicar es de por lo menos 200 MN (200×108 Newtons).

Molly tiene unas dimensiones de 10×10 mm² aproximadamente. Así que su área mide 10-4 m². Por lo tanto, el dentista tendrá que hacer 2 MN de fuerza. ¡Eso es una barbaridad!

Es obvio que hemos fallado en algo, porque un músculo no puede desarrollar esa fuerza. ¿Os acordáis de la primera suposición? Hemos supuesto que el diente estaba soldado al hueso, que era un pedazo de hueso. Pues bien, ahí hemos errado, ya que nos parte del hueso, está adherida, y por lo tanto no está tan bien unida al hueso.

Pero por lo menos ahora sabemos que es imposible que podamos romper un hueso con las manos, estirando de sus extremos.

Acerca de Juanjo
Escribo en el margen historias que se me ocurren. Algunas de ellas tienen que ver con ciencia y otras no. Estudié Física y me encanta contar la ciencia. Me aficioné a la música y me encanta escucharla. Me enseñaron a leer y desde entonces no paro.

3 Responses to Un día en el dentista

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